Cuando quedé embarazada, me llené de ideas. Me prometí que escribiría un diario de pensamientos, dibujos y poemas durante el embarazo, que le leería a la pancita varias veces al día y le pondría todo tipo de música, que mantendría un estado de ánimo zen, de forma que sólo bienestar recibiera mi bebé.
En realidad, fueron meses de muchísimo trabajo y estrés. Sí, Erick y yo le leímos a la pancita y le pusimos música, pero el diario se convirtió en uno de esos propósitos fantasmagóricos que, tras sombra de inexistencia, dejan una estela solitaria de culpa... o de pendiente.
¿Y cuando David nació? Me prometí que le escribiría una carta en la primera semana. David tiene tres meses ahorita y no fue sino esta mañana, cuando Erick dijo: "¿cuándo vamos a hacer un blog de papás primerizos, sobre todo lo que nos pasa?".
En este momento, Erick duerme en el sillón (creo que sólo la cena será capaz de levantarlo) y David duerme en su sillita frente a mí. La casa está absolutamente silenciosa, a excepción del ocasional sonido de David chupándose el dedo (¡oh, dedito ese! Ese romance entre David y su dedo, que por órdenes de la pediatra, tenemos que frustrar).
Así que reconozco y confieso que se me olvidaron algunas cosas: no sé cuántas horas durmió David su primera noche en casa... en realidad, esos días los recuerdo como una masa amorfa de alegría, agotamiento, dolor al sentarme y mucha confusión. No me acuerdo qué día finalmente se "pegó" bien a mi pecho, aunque es inolvidable la mezcla de dolor por el pellizco y alegría triunfal ("¡Está comiendo!"). No sé la fecha en la que le cortamos el pelito la primera vez (aunque Erick, prolijamente, lo guardó en una bolsita... que no sé dónde está). No me acuerdo qué día lo pasamos del Moisés al Encierro (no tenemos cuna). Pero tal vez ahora, que lleva una semana de dormir en las noches, yo pueda tener más neuronas para registrar y compartir esos momentos trágico-cómicos de nuestra ignorancia e ilusión. ¡Somos papás primerizos!



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