(Esta foto es de otro día)
Hoy fue un día atarantado. Esa palabra, que suena a cantar (tarantantán), en realidad representa la atravezasón (otra palabra inventada), el tedio, la frustración. ¡Yo soy tan estructurada! Y David... pues no.
En realidad, fue un día lindo. Mis amigas llegaron a desayunar en la mañana. A las 5:30 a.m., David desayunó, puntualmente. Y se durmió a las 7:10. Mis amigas llegaron a las 8 y yo esperaba que David tuviera hambre una media hora después. A las 9:10, fui a despertarlo para que comiera, lo cual hizo sin mucho apetito. Además, mis amigas son maravillosamente escandalosas. Ese sonido de conversaciones cruzadas, que ha sido una delicia de nuestras visitas, tomó a David por sorpresa, aunque hay que admitir que estuvo feliz, coqueteando con todas sus tías. Pero comenzó a atarantarse... y seguía con un apetito lánguido.
Al medio día tampoco quiso comer.
En la tarde fuimos a un rezo del tío abuelo de Erick. Entre el viaje en carro y una parada donde mi suegra que fue más larga de lo esperado, mi atarantazón comenzó a escalar. Al llegar a Heredia, David comió sin muchas ganas, pero comió. Durmió en mis brazos mientras tratábamos de tomar café en una mesa en la que llegaba mucho viento (le hice lo más parecido a un iglú que pude con la cobija). Después de media hora, comenzó a llorar desconsolado. Finalmente aceptó el pecho y comió, interrumpiéndose con llanto, ante el escándalo que hacían los niños afuera de la habitación que nos prestaron (la cual, al inicio, estaba cerrada con llave, por lo que estuve en el pasillo con mi bebé muy incómodo por segundos que se me hicieron eternos).
Maricel, la anfitriona, fue maravillosa, pero el día fue arduo. La imagen de mi bebé, despegándose del pecho, para comenzar a lloriquear, me ha atravesado el corazón. Ya no quiero llorar delante de Erick... creo que le parece que exagero.
¿Y llamar a la pediatra? ¿Y decirle qué? "Está comiendo sin ganas, pero sí ha comido. Es que hay mucho escándalo". Pero algo no me suena. ¿Se estará resfriando? Ahora duerme. Está tan agotado, que sé que tardará en despertar. ¿Debería despertarlo? No quiero sumar a su atarantamiento. ¿Y yo? Sólo quiero dormir. Sólo quiero que él se despierte y que coma con gran apetito. Sólo quiero que sonría y haga ruiditos. Hoy los ha hecho, pero que los haga de nuevo. Sólo quiero ponérmelo cerquita del corazón, que él se ría y que se quede bien abrazadito (él es muy inquieto, eso sucede sólo cuando duerme). Sólo quiero que todo sea tranquilo, armónico y fluído. Sólo eso. Así que ni modo. Auxilio. Soy una mamá primeriza despertando a la realidad de la atarantazón.


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